Practicantes del Patio

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Febrero 2013

viernes, 20 de mayo de 2011

La Herencia del Maestro Mercedes Pérez: El Juego de Riña

En Venezuela, municipio Palavecino del estado Lara, está situado un pueblo llamado La Piedad. Allí, el 24 de setiembre de 1917, nació quien se convertiría desde los primeros años de su juventud en un jugador de riña, lo cual equivale a decir un excelente jugador de palos, un esgrimista experto en el arte de pelear a palos, llamado también juego de garrote.

Su nombre es Mercedes Pérez Amaro y cuenta, hoy por hoy, 83 años… A él le debemos nuestra formación como jugadores de riña, a él le debemos haber conocido los secretos del juego y esa filosofía práctica, concisa, ineludible, que nos ha enseñado que en la pelea el único que aprueba o desaprueba es el palo.

Mercedes, o “El viejo Mercedes” como cariñosamente lo hemos llamado siempre, es un jugador que tuvo la claridad de conciencia de que el juego estaba muriendo y había que revivirlo. Renunció a los egoístas tabúes y secretos y comenzó a transformar sus conocimientos en herencia de pueblo. 

Esa decisión, esa decisión profana de romper  una tradición condenada al secreto egoísta, es una decisión sagrada. No olvidemos que el respeto al opresor se convierte en irrespeto hacia uno mismo.

A esa decisión sagrada de Mercedes (y de algunos jugadores viejos como Félix García, Eugenio Leal, Napoleón Zapata, José Yépez, Baudilio Ortiz) se le debe que el juego de palos ya se diferencie claramente del Juego de la Batalla del Tamunangue y que esa información haya llegado -creo que sin especulaciones numéricas- a más de un millón de personas. Pero no es tan fácil. Puede ser uno, dos, diez millones, pero ¿quién o quiénes conocen en realidad lo que es el juego de palos? ¿Mil? ¿Dos mil? ¿Diez mil? Ojalá. Si en estos casi 20 años han adquirido nociones directas del juego, bien sea en cursillos, cursos o como asistentes regulares unas 500 personas podemos considerarnos afortunados. No es fácil. Sin apoyos institucionales es una tarea de puro corazón. De estos 500 ¿cuántos han llegado al nivel de poder jugar un juego libre, juego a vista, juego con mediana técnica? ¿Cien? ¿Ciento cincuenta quizá? Y de éstos, en estos mismos casi 20 años, ¿cuántos han llegado a ser expertos, jugadores “defensos”, que puedan llegar o hayan llegado a la calidad de maestros? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Veinticinco? No. No es fácil. Ni es tarea sólo de jugadores o sólo de maestros. Ha habido muchas otras personas para lograr esta meta grandiosamente miserable o miserablemente grandiosa de 20 personas capacitadas en 20 años para enseñar durante los próximos 20 años.

Mercedes está viejo y se le han venido los achaques encima en los últimos 2 años. Está muy enfermo. Lo vi ayer. Lo visité con Guillermo Martínez, Ulises Castro y Federico Rodríguez, jugadores del palo canario que estaban aquí de paso y querían conocerlo personalmente, porque ya sabían de él.

Vi la metamorfosis de aquel maravilloso tigre con manos de relámpago convertido en un duendecito tembloroso con voz de trueno. Lo abracé como quien abraza a un padre muerto o a un hijo muerto.

Mercedes habrá de morir como tenemos que morir todos, pero para que no muera del todo, para que su ilusión vital no desaparezca, para que siga él y yo y todos los que vayan pasando por este hermoso escenario que es la vida honesta y sincera, quiero que publiquen unos cuantos nombres que, en honor a la verdad, rubrican este trabajo tras la idea. Porque eso es el trabajo: Una fuerza enamorada de un sueño, de una idea…

Estos nombres son continuación de una idea. En estos nombres seguirá erguida la figura del maravilloso tigre-duende de La Piedad y quisiera que quedaran como constancia en las letras: Wilmer Valera. Pedro Pérez Burgos. Humberto Burgos. Ramón Aguilar. Angel Zamora. Patrick O´Donoghue. Alfredo Lobatty. Jacobo Sanoja. Raúl Sanoja. Miguel Rengifo. Carlos Arellano. Ervil Franco. Abel Pérez Wilke. Alejandro Pérez Wilke. Héctor Ramos. Livio Girotto. Jorge Arellano. Ramón Sarmiento. Miguel Cordero. Winston Hidalgo. Yoel Morales. Heriberto Torres. Yuri Jiménez. Daniel Perales.

Una amalgama de nombres.
Una mezcla de tiempos.
Todos iguales.
Una voluntad tras una idea.     

Eduardo Sanoja Capriles
2001

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